martes, 19 de agosto de 2008

Alojamientos en USA

Siento mucho haberme retrasado tanto para escribir una nueva entrada, pero los días no cunden demasiado y hay demasiadas cosas que ver por aquí. San Francisco es realmente una ciudad genial.

En esta entrada voy a comentar cómo funciona el asunto de los alojamientos, pero de forma resumida, para que tengáis fotos e información más recientemente.

Cuando llegué a la residencia, después de que un amable taxista metiera mi maleta en el maletero de su coche y me llevara a mi destino a toda velocidad por la carretera, en un coche increíblemente grande y con asientos de piel, que no sonaba nada (era gasolina) y que llevaba la temperatura y el olor perfectos, tuve el primer problema en la recepción: no me esperaban hasta el día siguiente. Mi reserva inicial en la residencia era del domingo 10 de agosto al domingo 31 de septiembre. En la agencia me gestionaron la ampliación de una noche extra porque mi avión llegaba el sábado 9 de agosto. Así que con mi confirmación de la reserva me presenté en la recepción. ¡¡¡NO ME ESPERABAN!!!

Después de recibir una buena conversación sin entender nada del inglés extraño que la recepcionista hablaba, le pedí que repitiera TODO despacio porque venía a estudiar inglés, y muy amablemente lo hizo.

Finalmente, tuve habitación (por supuesto), pero a la mañana siguiente alguien abrió la puerta de la habitación (un individuo de mantenimiento probablemente) que se pensaba que no iba a estar allí. El responsable de los alojamientos me indicó que descansaría esa noche y que al día siguiente hablaríamos del papeleo y esos asuntillos. Y es que en USA, después de haber hablado durante una semana con mucha gente, he observado que todo es un caos con los alojamientos. Es una de las cosas que me llevo de aquí.

Y así lo hicimos. Por cierto, en la residencia tengo desayuno y cena de lunes a sábado, y los domingos tengo café y donuts (¡¡¡caseros!!!) y lunch (almuerzo a las 12 y media de la mañana). Así que lo primero que me encontré fue café un poco curioso y unos donuts que son para no dejar ni uno. Me comí 5 ó 6, riquísimos, con colorines, diferentes, indescriptible.

El café de aquí (en San Francisco en general) es muy transparente, así que al echarle una gota de leche es blanco completamente, pero sin embargo tiene un sabor muy intenso. Aun así, no me termina de gustar demasiado, por mucho azúcar que le eches no deja de saber amargo.

No he podido hacer fotos todavía de la parte exterior de la residencia, pero sí de mi habitación. Aquí todo está forrado con moqueta, lo cual es realmente asqueroso, pero no me da alergia por el polvo ni nada, porque todos los días la aspiran y no tiene nada de polvo. Pero sigue siendo moqueta, así que da mucha grima.

Tengo un baño compartido con otra habitación. Es de estilo antiguo, con una bañera con 4 patitas como las del Lejano Oeste, y tengo lavabo en mi cuarto. La persona (o personas) que usa el baño es tan o más limpia que yo, así que no hay problema de momento. Y tampoco coincidimos en las horas, así que es como si fuera mío. Ni siquiera la conozco.

La habitación es realmente grande para ser de 1 sola persona. Y la cama muy cómoda. Tengo una tele enorme (que no he usado para nada) y una mesa para escribir con el portátil.

Una nota curiosa es que el teléfono de la habitación es increíblemente antiguo, y suena con timbre mecánico (no electrónico a través de un altavoz).

Os pongo algunas fotillos de mi cuarto.

Foto desde la puerta de mi habitación.Foto de la cerradura de mi cuarto. El cerrojo es como el de los hoteles de las pelis del Lejano Oeste.
Mi bañera, con sus cuatro patitas.
El radiador de mi cuarto. No me digáis que no os recuerda a las pelis del oeste.
¡¡El utensilio para colocar el papel higiénico está patentado!! Aquí os pongo los detalles.

El teléfono de mi habitación. Es realmente antiguo.

La primera noche fue extraña. No pude dormir bien: nervios, no saber dónde estaba, no saber qué hacía aquí, jet-lag, 20 horas de viaje acumuladas con diferentes aventuras, pesadillas, ansiedad... Y sentí algo extraño que nunca había sentido en la cama a mitad de la noche: ¡¡TENÍA FRÍO!!

miércoles, 13 de agosto de 2008

El aeropuerto de Chicago

El caos

Una vez que habíamos aterrizado, las autoridades de los Estados Unidos de América tienen que autorizar la salida de los pasajeros al aeropuerto. Todavía estaba en tierra de nadie.

Salí lo más rápido posible del avión, fui a la cola del control de inmigración y... Dios santo... La cosa más horrible que había visto en mi vida. Nunca había visto una cola más larga: ni en partidos de fútbol, ni de baloncesto, ni conciertos de música, etc. Mi vuelo desde Chicago despegaba 4 horas más tarde, y tardé 3 horas y 50 minutos en llegar hasta la puerta de embarque.

Como mis acompañantes de viaje de Amsterdam sabéis, en los controles de seguridad que no es el de Barajas la armo parda: siempre se me olvida algo en la mochila que no está permitido llevar.

En la cola estuve hablando con unos chicos españoles que no tenían ni idea de inglés. Los policías de ese aeropuerto tienen una cara de mala leche increíble. Una policía que daba un miedo terrible nos dijo de repente que pasáramos a la cola de ciudadanos estadounidenses. Justo lo hizo a partir de mí, y le pregunté que si los visitantes podíamos pasar allí también. Me dijo que sí, que querían quitar gente de la otra cola para aligerar el asunto. Los chicos españoles que conocí en la cola perdían el avión así que les dejé pasar delante de mí. Otra policía les empezó a decir que tenían que colocarse por separado en puestos de control distintos, porque no eran familia. Como no entendían nada, les grité en español lo que tenían que hacer, y la policía me dio las gracias, me preguntó que si hablaba bien inglés y que de dónde era. Y allí estaba yo, dispuesto a hacer amigos antes de entrar en USA incluso.

Evidentemente, le dije que no hablo nada bien inglés y que sobre todo no lo entiendo demasiado bien cuando habla la gente. Me dijo que entonces me podía poner en uno de los puestos donde había un policía latino que me hablaría en español. ¡¡Eureka!! Fantástico. Pero el policía resultó ser un guache muy guasón que me hablaba en inglés y me preguntaba qué problema tengo con el inglés, que intentara hablar en inglés primero. Finalmente y ante mi cara de susto probablemente comenzó a hablar español. Pero, ¡¡no era hispano!! Era americano y chapurreaba fatal español, lo cual es suficiente como para entenderle mejor que en ese extraño idioma que ellos utilizan aquí en América.

El tipo tenía el sello en la mano para ponerlo en mi pasaporte y me preguntó lo típico:
-¿Cuáles son tus intenciones?
-Turismo.
-¿Cuánto tiempo?
-Tres semanas.
-¿Por qué San Francisco?
-Recomendación de amigos.
-¿Viajas solo?
-Sí - momento en el que retiró el sello y lo dejó en la mesa, se puse de pie y me dijo:
-¿Viajas solo? ¿Cómo viajas 3 semanas solo a San Francisco?
-Me gusta viajar solo.
-Ummm.., ¿en qué trabajas en tu país?
-Soy Ingeniero de Telecomunciación - momento en el que dijo "¡Aaaah!", y puso el sello.

Una vez que pasas el control de seguridad, tienes que recoger las maletas. Pero tus maletas llevan probablemente 3 horas dando vueltas en las cintas, así que las han retirado ya. Tuve que ir a buscar mi maleta Dios sabe dónde con el miedo de que no sabía si no la encontraba o no había llegado.

Esta estupidez no tiene sentido, ya que te hacen coger la maleta porque una vez que la tienes, pasas por un mostrador, entregas el papelito azul de aduanas y ni siquiera te miran la maleta ni nada. Acto seguido sales por una puerta y la dejas en unas cintas de American Airlines donde hay operarios dispuestos a ayudarte.

Una vez que la maleta ya viajaba para San Francisco, me dispuse a buscar el tren para ir a la T3. Este tren no es como en la T4 Satélite de Madrid-Barajas, es decir, no tiene una única parada. La primera parada es la T5, donde yo me encontraba. La segunda era la T3, y yo pensaba que era la misma para las otras 3 terminales. Casi me quedo montado en el tren y pierdo la parada de la T3.

De nuevo, un control de seguridad. En Chicago hay policías de los Estados Unidos de América (se les llena la boca a los americanos cuando lo dicen en inglés) controlando el pasaporte y la tarjeta de embarque antes del control de seguridad. Un tipo que era idéntico al policía de la serie Stiff Urkel me dijo ciertas cosas que no entendí para nada y le pregunté que si tenía que sacar el portátil de la mochila en el control.

El caso es que en el control de seguridad de Chicago hay unos carteles en los que te explican que es mejor que pongas las cosas ordenadas en la mochila y no revueltas o te harán mirarlas y tal. Mi mochila era un caos y a saber lo que vio la policía que estaba sentada en los rayos x, pero me miró a la cara súper raro. No obstante, no me dijo nada y pude coger mi mochila tan tranquilo.

Un consejo: quitaos los zapatos para el control de seguridad. Si no llevan nada de metal, no pitará el control de metales. Pero si lleva algo, os harán quitaros los zapatos, os dirán diez o doce cosas bien dichas en el lenguaje éste que usan aquí y con una voz de ultratumba bastante considerable. Además, si os ven pasar el control de seguridad sin zapatos, os miran con mejor cara desde el principio.

Otra vez a correr por la terminal. No viene nada bien explicado por dónde se llega a la puerta que te corresponde. Los monitores lo explican muy bien, pero van cambiando a cada segundo y eso implica que tienes que mirar 4 monitores donde pone "San Francisco" y ver si en alguno de ellos aparece tu vuelo. Cuando lo ves, lo tienes que cazar con la mirada literalmente.

Tan mal indicado está todo que casi me salgo fuera de la zona de seguridad, lo que habría implicado la pérdida del vuelo.

Cosas curiosas cuando llegué a la puerta de embarque:

-Compré un zumo de naranja en una especie de autoservicio y me atendió una negra que parecía cantante de gospel. No entendí nada y, una vez más, dije mi frase más utilizada en las últimas 5 horas: "sorry, could you repeat me, please?" Me repitió despacio y la entendí perfectamente, ¡¡se me abrieron los ojos!! El verdadero problema con los americanos es que juntan las palabras de una forma increíble. Si hablan despacio, se les entiende perfectísimante. Así que pudimos hablar unos 10 minutos sin problemas.

-Tomándome el zumo, ya en la puerta de embarque, una señora inglesa me pregunta si tiene que hacer algo con el billete para poder entrar al avión. Le dije que preguntara en el mostrador porque ella hablaba inglés y seguramente sería más fácil para ella que para mí. Y, para mi sorpresa, me dice: "¡Ah! Pero, ¿no eres americano?" Adiós la luz, que ahora tengo cara de americano.

-Aproveché para sacar dos fotos, las primeras fotos del viaje, las cuales os voy a mostrar con mucho entusiasmo:

Estas dos fotos son, en primer lugar, del avión que me iba a llevar durante 5 horas desde Chicago hasta San Francisco. La segunda foto es del resto de la zona de la pista donde embarcan en la Terminal 3.

El despegue fue accidentado: cuando el avión estaba en pista a punto de arrancar motores a tope, los paró de golpe. Tuvimos que volver a la puerta de embarque y estuvimos allí parados una hora. No pude entender qué pasaba demasiado bien porque el piloto habló en ese idioma que llevo todo el rato diciendo que usan por aquí y que no hay manera de entender, pero algo suelto sí que cogí, y era que se había roto "algo" y que había que repararlo antes de despegar. Así que volvimos a la puerta de embarque y el vuelo se retrasó una hora más.

No podía más con mi cuerpo ni mi alma, así que caí dormido en el avión las 5 horas del vuelo, tras las cuales llegué al aeropuerto de San Francisco y encontré mi maleta en una cinta sobre la cual había un monitor que se apagaba de vez en cuando (fallos en los contactos del cable de corriente tal vez) y decidí coger un taxi hasta la residencia porque ya era demasiado tarde.

La llegada a la residencia la contaré en la próxima entrada, porque quiero hacer fotos de la misma y ponerlas para que la veáis. Pero os adelanto que me siento como si estuviera en el lejano oeste, con una bañera con patitas y todo.

San Francisco: inicio del viaje

El comienzo del viaje
Antes de comenzar he de comentaros que en el primer capítulo pocas fotos hay, ya que la emoción del viaje me impidió atreverme a sacar la cámara, y la cara de uno de los policías de Chicago al hacer el amago de ello me quitó las ganas, jeje. Intentaré ser resumido para la gente que no quiere leer mucho texto, pero tampoco lo seré demasiado porque sé que hay gente a la que le apetece leer.
En mi caso el viaje lo he realizado con Iberia. Viajas con Iberia hasta Chicago desde Madrid y allí cambias a American Airlines.

Iberia pide los datos del alojamiento en el destino. Creo que es por si se pierde la maleta, no tener que pedir los datos en el destino sino que ya los llevan desde aquí para poder enviarla finalmente y tenerte localizado.

El vuelo sale de la T4S, es decir, que tuve que experimentar la emoción del tren automático de la terminal satélite. Allí no hay posibilidad de equivocación, no hay dos puertas ni dos pasillos distintos, todo está muy claro. Uno sólo tiene que seguir recto y girar cuando la pared así lo exija. Aun así, la gente pregunta a la única persona que hay de información de Aena que si tiene que ir por ahí... La pobre está programada para decir sólo "sí".

Pasado el tren y el control de pasaportes de la Policía Nacional, tengo que buscar la puerta U74, es decir, la última puerta de la Terminal Satélite 4. No la indican, pero si sigues las puertas R y S (verde), al acabarse éstas aparecen las U (azul oscuro). Antes de poder llegar a las últimas 6 u 8 puertas, un cordón impide el paso porque hay otro control de pasaportes por parte de personal de Iberia. Es curioso porque no miran nada del alojamiento, fecha de vuelta del billete ni nada. Y es que Iberia me había dicho que ellos piden todo porque así cuando llegas al control de inmigración todo es más rápido allí presentando los papeles del informe de Iberia... ¡¡Leches!! (Ya os contaré).

Por cierto que al facturar mi maleta, me indican que está facturada hasta el destino, pero que en Chicago tendré que cogerla para hacer el control de entrada de aduanas. Pero nadie sabe lo que hay que hacer. El único que sabe algo es un tipo de un mostrador de Iberia (ya en la T4S) que me dice que, por experiencia personal una vez que fue, coges tu maleta y la dejas luego en unas cintas de American Airlines y que no hay pérdida.

Montamos en el avión. El avión es uno de los pocos que puede alcanzar tantos kms (unos doce mil y pico). Es un Airbus 340, con tres filas de 2 asientos, 4 asientos y 2 asientos de nuevo. Una individua bajita, en la puerta de embarque, se intenta medio colar a la gente y, como habían dicho que dejáramos pasar primero a los niños, ella iba con apariencia de niña y pretendía colarse. No sé con qué fin, las butacas son numeradas. La gente está fatal, y ésta en concreto al pasar hacia el avión iba cantando algo raro. Yo ya me esperaba una inmolación en el vuelo, jeje.

Pero el vuelo no iba a ser tan divertido... Al menos al principio. Mi sitio estaba muy atrás, de tal forma que cuando este monstruo despegó la sensación era de que yo no había despegado. Sólo se nota en el ruido y en que toda la estructura del avión comienza a crujir desesperadamente.

No os recomiendo viajar con Iberia. Es incómodo, pequeño y además la tele es muy mala. Ponen una tele por cada 5 filas de asientos y sólo en el centro.

Para colmo, me tocó al lado del inserso gallego. La señora de mi lado no para de moverse y de hablar moviendo el cuerpo y, con ello, el asiento y la fila completa de asientos.

Una chica brasileira del avión de repente le pregunta al tipo que se sienta a su lado que si es brasileiro también, y él contesta que sí. Joder, la gente tiene suerte en sus viajes para poder conversar de cosillas, pero yo parecía que tenía la negra.

Momento cumbre en el que me dejan la bandeja con la comida. Muy buena comida la de Iberia, eso he de decirlo, me han sorprendido y saciado. No obstante, mi mala suerte me perseguía y según abrí el plato comenzaron unas turbulencias horribles. En cualquier caso, no paré de comer.

Mi suerte parecía cambiar de repente. La señora gallega sentada a mi lado me ofreció su postre porque ella no podía comerlo ya que es diabética. Se ganó mi amistad, compró mi alma y tuvo conversación en las siguientes 7 horas de viaje, jejeje.

Sólo me dormí 20 minutillos en el vuelo, lo justo para estar despejado antes de aterrizar.

Después de dormir tuve que rellenar los papelitos de entrada a USA. Hay dos papeles: uno azul que tiene que rellenar todo el mundo. Es para el control de aduanas. Es fácil rellenarlo pero los datos deben ser exactamente iguales a los del pasaporte, donde no salen tildes en las letras. Así que os podéis imaginar que la cagué al escribir mis apellidos con tilde y tuve que repetirlo.

El otro papelito puede ser blanco o verde: blanco si necesitas visado y verde si vas a entrar a USA acogiéndote al plan de exención de visado. Yo cogí el verde, lo rellené y no tiene demasiada complicación. Tiene unas cuantas preguntas absurdas, como que si vas a participar en algún acto terrorista o algo así. Estos americanos...

Y ya era la hora de llegar al aeropuerto de Chicago. La aventura estaba todavía por empezar.

lunes, 4 de agosto de 2008

Utrecht y últimas fotos curiosas

En Amsterdam la cultura de la bicicleta está muy extendida. La gente maneja la bici con freno de contrapedal con una soltura increíble. Pero donde más bicicletas he visto en mi vida ha sido en Utretch.

El paseo a esta ciudad no se hizo largo, ya que nuevamente comprobamos la maravillosísima calidad de los trenes de Holanda. Cuando llegamos allí, nos encontramos con una entrada al aparcamiento de bicis, como si el aparcamiento de la T4 del aeropuerto de Bajaras se tratara:

Entrada al aparcamiento de bicis, con puerta giratoria.

Aparcamiento de bicis en la estación de tren de Utrecht.

Y es que Utrecht es una ciudad que está infectada de bicicletas. Muchas de ellas estoy convencido de que estaban abandonadas allí.

Tuvimos un paseo muy agradable por esta ciudad, tiene calles muy distintas unas de otras, y a la hora que nosotros dedujimos que era la salida del trabajo, presenciamos estampidas de gente montando en bicicleta vestidos como si de una oficina salieran:

Restos de la estampida de bicicletas.


Calle curiosa separada de las casas por un canal puenteado en múltiples sitios para poder acceder a las puertas de las mismas.

Finalmente, algo que vimos bastante bonito en Utrecht fue una colección de restaurantes en la parte baja de un canal. Seguramente sería caro comer allí, pero desde luego tiene que merecer la pena porque estaba todo muy tranquilo, no se parece en nada a las terrazas de los restaurantes que podemos ver en España, sino que todo está bastante silencioso aquí:


Por último, antes de acabar con el relato del viaje, quería mostrar unas fotos de cosillas curiosas, como por ejemplo esta señal que vimos en una zona residencial de Amsterdam, en la que parece que se dice algo así como "nada dentro, nada fuera", es decir, que si no dejas objetos en tu coche, no podrán robarte nada:


Otra cosa curiosa es el concepto de bicicleta que podemos ver por las calles. La gente parece que quería aprovechar para hacer un pequeño "tour" por Amsterdam y a la vez tomarse algo en una "terraza-bici" conducida por el camarero, traccionada por los clientes:


Pegaré aquí unas cuantas fotos más del viaje:
Poleas de las casas. Son muy estrechas y los muebles grandes hay que subirlos por las ventanas. Ahora sólo son adornos (aunque vimos su uso para subir puertas en una obra). La foto está tomada desde un barco que nos hizo un "tour" por los canales.

En frente del Rijksmuseum están las letras de "I amsterdam". Es un parque chulo al que nos costó llegar más de media hora andando, y menos de 10 minutos en bici.


Nos encontramos con un puente levadizo cuando íbamos en bici que nos hizo parar nuestra marcha. Presenciamos toda la operación que dejaba paso a un barquito justo por debajo de él y la posterior bajada del puente. En la segunda foto se observa cómo los cables del tranvía se vuelven a enganchar en el momento de bajar el puente:


Conclusión y regreso.

Mi conclusión respecto a Amsterdam es que es, en general, una ciudad bien distinta dependiendo del barrio donde te encuentres. Algunas zonas residenciales del suroeste son realmente tranquilas. En el este, las calles dan un aspecto un poco cutre a mi parecer, pero lo fundamental es que son también tranquilas.

Del barrio rojo y alrededores me llevo una impresión un poco mala, porque es bastante agobiante. Agobiante de día por los yonkis que van andando y con los que intentas no chocarte (que no te harán nada aunque te tropieces con ellos, pero nunca es agradable), y de noche porque hay una cantidad increíble de traficantes que te hablan con voz de ultratumba (voz baja y hueca) muy cerca ofreciéndote cocaína y demás sustancias. Es un poco aburrido eso.

Una impresión que nos dio es que la gente no hace una vida normal por ciertas zonas, no trabaja o no estudia, es raro. Puede que sí que lo hagan, pero es la impresión que da la zona que se encuentra entre la estación central y el barrio rojo.

Sin embargo y con todo ello, no hubo ningún incidente, cosa que en muchas ciudades españolas habrá incluso sin sospechar de nadie.

Por último, comentar que el último día estuvimos comprando cosillas por la mañana en Amsterdam. Mis compañeros de viaje compraron bastantes souvenires. Mientras, las maletas las dejamos en la consigna ("locker" lo llaman en inglés) del hotel, que muy amablemente nos las guardaron en un cuarto en el que da un poco de grima dejar la maleta... Tras ello, en el aeropuerto, sucedió lo que comenté en el primer capítulo, que me dejé una botella de agua en la mochila y se crearon unos ciertos momentos de tensión en el control de seguridad. Pasado ello, la vuelta no tuvo más incidentes.

Volveré con el próximo viaje: San Francisco.

Segundo día: Volendam, Marken y España Vs. Italia

Un día grandioso. Despertamos con un sueño y un cansancio fuera de lo normal. Un cansancio fuera de lo normal los demás, yo además tenía que añadir un chichón en la cabeza. Mi habitación, como comenté en el capítulo anterior, era la de 3 personas y, como buena habitación triple, tenía una cama supletoria, que yo accedí a utilizar gentilmente. Pero no era una cama supletoria cualquiera, sino que era un mueble de la que se abate una cama y media de ella queda debajo del mueble. De tal forma que fue inevitable a media noche levantarme de golpe y darme 1 buen trastazo contra el mueble. Esto me ocurriría a la siguiente noche también, pero a la tercera no cometí el mismo error.

Comencé diciendo que era un día grandioso. Y aunque bajamos a desayunar con pereza, llenamos el buche abundantemente y salimos a visitar dos pueblos situados a media hora de autobús de Amsterdam: Volendam y Marken.

Volendam y Marken

Ambos pueblos tienen una finalidad extra además de acoger a unas cuantas decenas de habitantes: el turismo y los souvenires.

En la estación central de Amsterdam se puede encontrar en la puerta unas chicas vestidas de "I amsterdam", que te informan de casi todo lo que quieras hacer allí. Nos indicaron que lo que se suele hacer es comprar una especie de bonos de viajes con 15 casillas cada uno. Cada casilla es lo que ellos llaman "strip" y representan zonas de transporte. En general, si vas a cruzar N zonas, tienes que pagar N+1 strips. Estos bonos de viaje se llaman "stripenkart", y se compran en la tienda de periódicos y chucherías de al lado de la estación central.

Para ir a Volendam, no estamos seguros de cuántas zonas serían, pero gastamos 2 stripenkarts de 15 strips y además nos tuvo que dar alguno más de 3 strips. En los autobuses venden bonos de 3 y de 1 strip. Por lo tanto, a la vuelta, que la hicimos desde Marken, no teníamos bonos de autobús así que el conductor nos miró con cara horrible porque tenía que utilizar los bonos de 3 strips y casi se queda sin ninguno.

El autobús era bastante cómodo. Dio mucha vuelta para salir de Amsterdam y luego cogió una carretera muy recta hasta llegar a Volendam. En la entrada dle pueblo el autobús nos deja y se marcha a seguir con otro trayecto. Al principio estábamos algo desconcertados porque paseábamos por calles desiertas con casitas típicas del país.

Después de andar un poco por esas calles desiertas, encontramos la zona turística del pueblecillo. Justo la calle desde la que andábamos nos llevaba al borde del mar y desde allí comenzaba un agradable paseo por una calle larga y llena de tiendas, bares, restaurantes, etc., todo muy bien preparado para el turismo.

La entrada a Volendam desde donde nos dejó el autobús.

Calle de Souvenires (aprovechando un retrato a uno de nuestros acompañantes de viaje).

Final de la calle de souvenires (I).

Final de la calle de souvenires (II).

En las dos últimas fotos se ve la continuación de la calle de souvenires, que era una avenida al margen del mar, con unas buenas vistas (salvo que ese día estuvo bastante nublado) y un montón de casitas típicas del lugar. Ideal para pasear, aunque no llegamos hasta el final porque estaba muy lejos y queríamos coger el barco hacia Marken.

A Marken se puede llegar desde Amsterdam en autobús, como fuimos a Volendam, o desde este pueblecillo en barco. Elegimos la segunda opción, ya que si no tendríamos que haber vuelto a Amsterdam para coger otro autobús. El barco tiene su encanto, aunque es un recorrido realmente corto, no sé si llegó a 15 minutos.

A primera vista Marken parece más pequeño, mucho más pequeño que Volendam. Sin embargo está formado por un intrincado de callejuelas que sortean un pequeño canal entre las que es agradable pasear. Mucha gente se conforma con el paseo por la calle principal de turismo, llena de tiendas para comprar souvenires, chocolates, golosinas, etc.

Final del paseo del puerto de Marken (con dos de los acompañates de viaje).

En la calle de atrás del paseo del puerto, una de las ramas del canal.

Un puente necesario para poder cruzar calles en Marken.

¡En el canal había cisnes! Realmente son "patitos feos" de pequeños, jeje. Y la madre tiene muy mala leche.

Detrás de uno de los callejones, en una pequeña plaza... ¡¡¡Sweney Tood!!!

España Vs. Italia.

Para mí ver el fútbol no es demasiado importante. Pero me gusta ver a la selección ganar la Eurocopa y cualquier partido en general. Y ese día iba a marcar una gruesa línea entre la mala suerte de cuartos de final y el triunfo del campeonato.

Así que a la vuelta de Marken, con la que nos asustamos bastante porque no teníamos stripenkart y tuvimos que comprar billetes sencillos en el autobús, cuyo conductor se asustó al ver la cantidad de ellos que nos tenía que vender y dudó sobre la posesión de suficientes de ellos, pero finalmente hubo suerte. Al parecer cualquier otro día se pueden comprar stripenkart en el supermercado de Marken, pero ese día era domingo y estaba cerrado, lógicamente.

Pues bien, recomiendo que miréis bien el número de stripenkarts que lleváis porque el susto se traduce en pagar casi el doble de autobús.

Quería poner una foto, ahora que hablamos de fútbol, sobre la decoración que tenía Amsterdam en una calle cualquiera:

Los holandeses no cabían en su felicidad y había banderas de tamaños enormes, miles de globos por todos sitios, banderines, bufandas, todo era naranja. Sin embargo, la noche anterior presenciamos en un restaurante plagado de holandeses deseosos de victoria cómo su selección era derrotada por una Rusia que parecía completamente endeble y pisoteable. Tal vez se confiaron los holandeses, o tal vez los rusos jugaron mucho mejor que en otros partidos, pero lo que está claro es que la magia naranja desapareció en esos minutos de juego.

Una nota curiosa fue ver la velocidad con la que desaparecieron los adornos una vez que los tulipanes fueron eliminados. Incluso por la calle nos regalaron banderines que quitaban de la terraza de un bar.

Pero ya era domingo, era momento de pensar en nuestra selección, en la tensión contra Italia. Por la calle y con nuestra bandera de España a espaldas del más alto de los que viajábamos, la gente nos saludaba y animaba, casi sabiendo que íbamos a ser eliminados en la fase de cuartos por los italianos. Tan sólo vimos a unos italianos con banderas y camisetas, a los que no nos quisimos acercar demasiado.

En un bar, del cual nos había hablado una relaciones públicas esa misma mañana, se televisaba el partido en un montón de televisiones. Era una casa de costillas, pero en la zona de mesas decidimos no sentarnos dado que estaba lleno de italianos. El camarero nos decía que podíamos ver el partido maravillosamente dado que aquel salón tenía 20 televisiones. Pero cuando le dije que preferíamos estar con la afición española, no intentó convencernos, aunque puso cara de "aquí podéis ver el partido todos juntos que no va a pasar nada". Es exactamente lo que nos dijo la relaciones públicas, que allí no había habido enfrentamientos de ningún tipo.

Y es que en Amsterdam el fútbol se vive de forma diferente, nos pareció todo muy relajado. Finalmente decidimos cenar unos maravillosos Noodles y ver el partido en cualquier bar en el que quedara sitio. Todo bastante tranquilo hasta los penalties... Y después, salimos del bar, uno de los viajeros dijo: "¡cómo se nota que no estamos en casa! ¡No hay alboroto!" En la plaza donde se encontraba el bar en el que vimos el partido, había muchísimos bares y cervecerías. En medio un montón de sillas y terracitas de esos bares. Al otro lado, el bar que comenté inicialmente en el que no nos quedamos a ver el partido. Al lado de ese bar, una buena cantidad de españoles a los que nos unimos celebraban la victoria y el final de la maldición. No nos habíamos percatado del tumulto hasta que nos acercamos un poco porque la plaza está realmente llena de terracitas en medio que separan unas zonas de otras. La plaza está en Leidseplein.

Fue un rato divertido y por la calle la gente que nos veía, gritaba "¡¡VIVA ESPAÑA!!" y más cánticos típicos de estos momentos. La gente ya no nos miraba con cara de "pobres ilusos", sino con alegría contagiada al vernos tan felices a todos. Y es que en Amsterdam apoyaban a España en el partido, animaban las ocasiones de nuestra selección y se alteraban ante posibles ataques de los italianos en el campo de juego.

Y así acabó nuestro segundo día. Al día siguiente quedaba Utrecht y montar en bici. Por la mañana montamos en bici y recorrimos todo Amsterdam de forma maravillosa. Se recorre la ciudad en un satiamén, así que visitamos algunas cosillas que a pie no habíamos llegado a tocar. Es curioso sentirse tan libre en una ciudad con coches yendo montado en bici. El único problema fue que las bicis eran de freno de contrapedal, y en mi caso era un poco incómodo porque son bicis altas y, aunque estoy acostumbrado a no llegar al suelo sentado en el sillín, en este caso es casi fundamental para poder apoyar un pie cuando estás casi parado.

Otra cosa incómoda de este tipo de bicicletas es que cuando vas a poca velocidad, para no caerte sueles girar los pedales hacia atrás para coger impulso con el "pie bueno" (que para unos es el derecho y para otros el izquierdo), pero en este caso el resultado es una frenada en seco que en mi caso tuvo como consecuencia varias caídas (a poca velocidad, eso sí), y las quejas de los otros ciclistas que casi me comieron.

viernes, 1 de agosto de 2008

Primer día en Holanda

Llegada al hotel.

La llegada al hotel fue rápida y sencilla. Teníamos que seguir las instrucciones que ellos dejan en su página web. La recomiendo: http://www.bulldoghotel.com. Sí, nos alojamos en el Bulldog Hotel, situado en una calle paralela a la calle del Barrio Rojo. De hecho, este famoso Barrio comienza aproximadamente en la calle de nuestro hotel, así que se podría decir que estuvimos alojados en el corazón de Amsterdam.

El hotel en sí hace las funciones necesarias: alojamiento, desayuno (no muy diverso pero abundante para llenar la panza), baño en cada habitación y una decoración un tanto rara. Esta peculiar cadena, como podéis observar en su web, tiene múltiples establecimientos: bares, cofee-shop, hotel, etc.

Esta foto es de la calle del hotel donde nos alojamos. Aparecen mis cuatro compañeros de viaje.

Os comentaba algo sobre la decoración del hotel. Los colores como el rojo, amarillo, etc, colores llamativos, son bastante abundantes. Los baños están decorados como se ve en la foto, y disponen de ducha holandesa, es decir, una ducha sin cortinas ni bordillo ni plato de ducha como estamos acostumbrados en España. Directamente se empapa el suelo y, si no tienes cuidado, el baño entero. Suerte que luego hay un cepillo con el que se puede recoger el agua del suelo de forma bastante rápida. Y suerte que llevábamos chanclas de ducha porque el suelo no es de lo más agradable para ir descalzo.

El lavabo era de metal para poder mojarse perfectamente. Lo que no probamos a mojar fue el secador de pelo, pero creo que no estaba preparado para ello.

Esto que muestro aquí es la maravillosa vista que teníamos desde la habitación del hotel. En realidad justo en frente lo que había era un aparcamiento de coches de varias plantas de altura, jeje.

Nos alojamos tal y como habíamos reservado, en una habitación triple y en una doble. Dos de mis compañeros fueron a la doble, que se encontraba en la cuarta planta (la última), y tenían el acceso a la terraza del hotel muy cerca, que se encuentra arriba del todo y desde la que se pueden ver los tejados de las casitas de alrededor. La terraza estaba preparada con mesas y banquitos para poder disfrutar del aire libre.

Mesitas con restos de las consumiciones de otros inquilinos del hotel.

Así acabábamos cada día después de hacer turismo variado.

El resto del día no tuvo demasiadas incidencias, hacernos con el hotel no fue complicado y la ducha del baño finalmente no resultó demasiado incómoda. Íbamos advertidos por otros conocidos así que llevábamos chanclas. Hicimos una excursión andando por los sitios más relevantes de Amsterdam y acabamos destrozados.

Una cosa curiosa es que como las cosas cierran relativamente pronto, léase las 6 de la tarde, nos encontrábamos a las 5 y media sin saber qué hacer y habíamos gastado tiempo de visita de museos y sitios que pudieran cerrar en patear las calles. Los días siguientes lo haríamos al revés si era necesario, aunque en el fondo no estábamos demasiado interesados en visitar muchos museos.

Viaje a Amsterdam y más cosillas

El primer viaje sobre el que voy a escribir es el último que he realizado. Y es que aprovechando las fiestas de Torrejón, lugar donde resido y trabajo, unos compañeros del trabajo escogimos estos días para viajar a esta curiosa ciudad. Somos cuatro, y se unió a la aventura un quinto viajero que no podía disfrutar de esos días festivos (porque trabaja en otro lugar), pero tomo unos días libres para despejarse un poco.

El viaje tenía como destino principal la ciudad de Amsterdam. No obstante, al tratarse de una excursión de cuatro días, teníamos tiempo para visitar varios lugares más, dado que la ciudad de Amsterdam se puede ver en 1 ó 2 días como mucho.

Introducción.

Una curiosa experiencia con los compañeros del curro cuyos nombres citaré si me ceden sus derechos de imagen. Ya había visitado esta importante ciudad europea hace dos años, pero la experiencia ahora iba a ser completamente diferente.

Comentar que nuestro destino principal fue la ciudad de Amsterdam, como se puedeleer en el título. Además de patearla de arriba a abajo y de utilizar varios de sus transportes públicos, visitamos un par de pueblecillos costeros con mucho encanto. Más adelante hablaremos de ellos.

Dos notas curiosas sobre este viaje: el primero es que Holanda tiene unos trenes interurbanos geniales, comodísimos, no presentan apenas vibración y los asientos son increíblemente blanditos para acomodar el destrozado cuerpo tras horas de visita turística a pie por las ciudades. Y eso que viajamos en segunda clase (aunque creo que los asientos eran iguales en primera clase). La segunda nota es que no debéis olvidar que en el control del aeropuerto no se puede llevar una botella de agua en vuestra mochila de equipaje de mano. Yo la olvidé dentro y se crearon unos momentillos de tensión.


Por lo que podéis ver en la foto, los asientos son comodísimos. Además la vibración del tren es casi nula.

Nada más bajar del avión.

Al bajar el avión llegaremos a la sala de recogida de las maletas. Esa horrible sala donde la tensión comienza a crecer al no ver tu equipaje salir por el agujerillo, y que luego disminuye al mínimo posible cuando lo tienes en tu poder.

Antes de salir por las puertas de control, vimos un par de máquinas parar comprar billetes de tren. Tras esas puertas hay muchas más máquinas, pero por algún extraño motivo preferimos intentar comprarlos allí. El problemade estas máquinas es que son fáciles de manipular si dispones de una tarjeta del estilo a Visa Cash, es decir, una tarjeta monedero. Es inmediata la compra y perfecta. Sin embargo, nosotros lo intentamos con tarjetas de débito y no tuvimos éxito. Aparece en la pantalla la opción de utilizar tarjeta de débito y de crédito, pero creo que lo más seguro si necesitas utilizar estas máquinas es usar la tarjeta de credito, que posiblemente funcionará.

No obstante, a la salida de las puertas de control de salida de la sala de recogida de equipajes, hay muchas máquinas, taquillas para comprarlo a personas con dinero en efectivo, etcétera. Nosotros aprovechamos que había una servicial muchacha que nos ofreció pagar con su tarjeta monedero y le pagamos en metálico, para no perder más tiempo intentando desmontar la máquina y averiguar su comportamiento.

Es sencillísimo encontrar el andén del tren que te conducirá a tu destino. Si no lo encuentras con facilidad (como ocurre en la estación central de Amsterdam, que no es nada fácil localizar los carteles), hay unos puestos amarillos de información donde la atención es magnífica. Es magnífica si no te intentan equivocar por completo, como nos ocurrió en uno de los puestos (en el primero nada más llegar), pero no volvió a pasar en ningún otro.Por lo tanto, para coger el tren al destino deseado, sólo hay que mirar en los pórticos que bajan a los andenes, y encima de cada pórtico pone el número del andén y el destino (en algunos de esos carteles aparecen los destinos intermedios también).

Por último, y antes de acabar este capítulo de introducción, he de comentaros un detalle importante con el billete. En el caso de la estación del aeropuerto, la bajada al andén a través del pórtico que nos indica el destino del tren de esa vía es directa. Esto quiere decir que no hay torniquetes como en el Metro de Madrid por ejemplo. Por lo tanto, un madrileño como yo bajaría al andén, se montaría en el tren y, cuando viniera el revisor y le pidiera el billete, le diría que no es válido y podría ponerle una multa.

El billete no es válido si no se sella. A los lados de la escalera de bajada al andén, hay dos palos verticales amarillos que pueden pasar completamente desapercibidos. Esos palos tienen unos agujeritos un tanto extraños porque no son necesariamente del tamaño del billete, sino más grandes, podrías meter en algunos de ellos la mano. En ese agujero hay que introducir el billete y sonará un "clin!!!", de tal suerte que queda sellado el billete. Ahora sí es válido. De nuevo la chica del puesto de información que nos dio mal el número de andén nos intentó confundir y nos dijo que simplemente teníamos que bajar al andén, pero aun así picamos el billete en la máquina por si acaso.

En uno de los trenes el revisor nos pidió los billetes y los enseñamos. Los miró y los picó de nuevo. Parece ser que entonces habíamos hecho bien en sellarlos antes de entrar al tren.

En la estación central de Amsterdam pasa exactamente igual salvo que los palotes amarillos que sellan el billete están antes de subir las escaleras al andén, en lugar de bajarlo.

Finalmente, nuestro trayecto a Amsterdam no tuvo más incidencias y aquí acaba la introducción al viaje.